colaboro en la intervención de la antigua fábrica cros de valencia. poco más tarde, y firmado como *la cor.poració* publico en _ajoblanco_ un artículo en que cuento lo ocurrido en ese día bajo el título de _salvar la memoria_.







Todos los días a las tres de la tarde un señor saca sus ovejas a ramonear por la desvencijada fábrica de la Cross de Valencia, porque es un espacio público. Como él, todos los días, los mismos que hace un año aparecimos en estas páginas, continuamos tras otras formas de intervención artística de los espacios públicos; y ahora, en esta misma fábrica de la Cross, encontramos el lugar idóneo para llamar la atención contra los militantes en la privacidad, del arte, de la cultura, de la vida o de lo que tú quieras. «Tío, tío, tenemos que salvar la fábrica». El asunto está claro para todos: Salvar una fábrica que hasta hace un par de años se encontraba en perfecto estado de conservación, y que era (al menos en sus naves más características —similares a las bóvedas del Mercado Central de Valencia, ése que los turistas siempre fotografían—) —y es— protegida por la legislación que defiende al patrimonio histórico de los planes de inminente urbanización de la zona. «Yo quiero que la salven para que se pueda reconvertir en edificios de uso público». Éste no olvida que hace unos días se inauguró un pabellón deportivo en una antigua fábrica de otra zona de la ciudad, también en degradación. «Que la salven; pero, sobre todo, para utilizarla en el desarrollo artístico desde un espacio al alcance de quienquiera». Ésta idea sí que parece general, que es un espacio que está al alcance de todos, que no hay que pagar ningún tipo de peaje, ni económico, ni poético, ni ideológico, ni comercial; al no tener que hacer concesiones, todos los que pululamos alrededor del proyecto de salvar la fábrica sentimos un fuerte bullir de la imaginación —fantasía, vena artística o como la quieras llamar—, de una emoción dirigida a despertar un espíritu de defensa de lo que es común a todos, de respeto a la memoria de la ciudad, de fidelidad a la historia y reconciliación con los orígenes. «Pero habrá que actuar desde el más estricto anonimato, en su sentido de falta de autoría; porque cuando nadie figura como autor cualquiera puede hacer propio el proyecto. Si tiene una intención pública, de todos, no puede ser detentado por nadie, únicamente una corporación puede reclamar el protagonismo en ésta historia». Desde luego; los grandes mitos creadores y sustentadores de las culturas, las estructuras del pasado de cualquier lugar se deben al anonimato más rotundo: ¿En qué mitología se conoce al autor del relato, de ese cuento que dirigirá el desarrollo de sus miembros? Igualmente, si queremos que toda la ciudad se reconcilie con su historia industrial, nadie puede auparse como paladín de la defensa, debemos ser todos. «Vale, pero sólo quiero que la fábrica se vaya desmoronando y la naturaleza restaure el orden profanado por el hombre. Y podrá rehacerse con relativa rapidez ya que es una zona rica en limos pardos y negros, como reza la documentación del catastro municipal». ¿Cómo, lo que tú quieres es que se desmorone por sí misma? —grita un utilitarista, desesperado ante la idea de que ese espacio se consuma en sí mismo, sin más función que contemplar la derrota de la obra del hombre—. «Hombre, también habría que considerar la posibilidad de que nos realojen en viviendas dignas; a nosotros los desfavorecidos de la fortuna (que ahora se llama sistema) que nos condena al paro más miserable. Podríamos aprovechar la reclamación del lugar para solicitar vivienda y trabajo para los que vivimos aquí en condiciones cuartomundistas». La voz de los pobladores es la más severa, la que sí tiene qué reclamar desde su propio interés y no desde un altruista y ocioso espíritu público. «Y que también nos recuerden a nosotros, los antiguos trabajadores que dejamos la vida en esta fábrica».«Eso, y aprovechamos para joder al ayuntamiento que en un departamento reconoce la protección del edificio y en otro no saben nada de ésa protección». Bien, la política es lo de menos, esto es una movilización artística, a la que se convoca a todo el mundo desde las artes (plásticas y musicales, danza y cine, performances y happenings, poesía), también a los militantes en el arte de disfrutar manifestaciones artísticas o naturales y que se refugian bajo las figuras del paseante, del vecino y del espectador, pero sin desechar a los disciplinados seguidores de la arqueología industrial, la ingeniería y otras ramas menos emotivas del saber y del reconocer. «Pero ocho naves de la revolución industrial y tres torres, todo del más puro modernismo industrial van a ser demolidas: Qué no las tiren».

12:00/06.12.1994

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