Exposición: Fardel de Dissidências.

En la Sala de Exposiciones de la Fundación Luís Seoane de A Coruña, Paseo Marítimo del lado de la bahía, a la altura de la Pza. de Pontevedra (CT) y de la escultura del reló de pulsera (MM), viejo Cementerio Moro (OM), esquina Pza. María Pita con San Jorge (MM), Jardín de la Dársena de la Avda. de la Marina (IB), Estrecha de San Andrés con calle Barrera (IB), Avda. Alfonso Molina (OM), calle Papagayo (MM), cuartel de Macanaz (CT), www.hangar.org/sisif (AA) y www.hmu.auckland.ac.nz:8001/sisyphus (AA).

Del 15 de Julio al 13 de Septiembre de 1999.

Inauguración: Jueves 15 de Julio de 1999 a las 19:00 en la sede de la Fundación: calle Durán Loriga, 10

Comisario: Nilo Casares

Coordinación Técnica: Carlota Fraga

Presentación de Catálogo: Nilo Casares

Artistas: Antoni Abad, Isabelle Bribosia, Miguel Molina, Óscar Mora, Carlos Tejo

Coproducen: Fundación Municipal Luís Seoane y Caixa Vigo

FARDEL DE DISIDENCIAS es una muestra de Arte Público coproducida por la Fundación Luís Seoane y Caixa Vigo para desarrollar en distintos espacios abiertos de la ciudad de La Coruña a lo largo del verano de 1999, y que será inaugurada el próximo día 15 de julio y se mantendrá activa en su propuesta de interacción ciudadana hasta la segunda semana de septiembre. Por primera vez en Galicia se reflexiona sobre el uso institucional político del arte, sobre todo de la escultura, en el entorno occidental, para la promoción de aquellos modelos de corrección política o moral que, cada época, desea vender. Discutir ése estatuto público, emblemático, de la escultura es el interés de esta intervención, a la vez que mostrar los nuevos modelos de Arte Público que entrarían, mejor, dentro de un principio protestatario, de revisión de la pragmática artística que desea un planteamiento igualitario entre el artista y el ciudadano. Así nos moveremos entre la obra lúdico-metafísica (Oscar Mora), socio-política (Miguel Molina), socio-escultórica (Isabelle Bribosia), lírico-introspectiva (Carlos Tejo) y electro-relacional (Antoni Abad).

Antoni Abad (AA) (Lleida, 1956), se ubica en este proyecto en su calidad de adelantado español del net-art, la nueva plataforma que nos adentra en el próximo siglo y promete una transformación en el alcance de la obra de arte a través de su 'emisión' por redes digitales abiertas, públicas; con lo que esto supone de modificación de los procesos de producción, difusión y fruición de las obras, unos cambios que sólo empezamos a atisbar. Así, como arte cercano, o próximo, a mi ratón, se presenta su obra. Sísifo, por Antoni Abad. Pieza de net-art sita en los lugares antipódicos y exhibida desde un ordenador instalado en las salas de la Fundación.

Con la belga Isabelle Bribosia (IB) (Huy —Belgique—, 1968) vemos a la socio-escultura extenderse hasta la reunión terapéutica que tanto gustaba a Beuys, esa reconciliación del hombre consigo mismo y sus semejantes, cómo pueda esto ocurrir es cosa que se resuelve en cada proceso específico de intervención sobre unos lugares sometidos al análisis antropológico que desentrañe el punto sobre el que erigir la obra de arte comunitaria. Una obra final que siempre descansa sobre el soporte fotográfico (con sus trabajos foto-escultóricos) y sus distintas posibilidades de seriación, entre ellas el vídeo, como mejor registro y prueba de las reacciones del ciudadano. Hors d'oeuvres (entremeses), por Isabelle Bribosia. Es una reflexión sobre el turismo gastronómico que llega a la ciudad, realizada a partir de la disposición de cinco forasteros visitantes (sus siluetas), de tamaño real, depositados sobre la Avda. de la Marina, cada uno de ellos representando una relación diferente con los platos típicos de la ciudad, aquellos que más llaman la atención de los visitantes, siendo, a la vez, tales siluetas, expositores de la comida recreada. Además, en un escaparate que exhibe comida típica de Bélgica, para conocer la reacción de los coruñeses ante la comida foránea, una vídeo-cámara espía unos comportamientos que se exhibien en las salas de la Fundación. Con ella vemos a la socio-escultura extenderse hasta la reunión terapéutica, esa reconciliación del hombre consigo mismo y sus semejantes, cómo pueda esto ocurrir es cosa que se resuelve en cada proceso específico de intervención sobre unos lugares sometidos al análisis antropológico que desentrañe el punto sobre el que erigir la obra de arte comunitaria.


Miguel Molina (MM) (Los Teatinos —Cuenca—, 1960), continuador tanto de la línea Productivista de la vanguardia rusa, como de los trabajos de Hans Haacke o Joseph Beuys, de desentrañamiento de los intereses ocultos a la producción artística. Con Miguel Molina, nos situaríamos en la vertiente más política del Arte Público, aunque no siempre, y la más mestiza, pues su obra va del cartelismo a la música electroacústica, pasando por la fotografía, el vídeo, la escultura en sentido estricto y el happening. Aquí veremos aflorar la lucha que la escultura moderna sostiene con la arquitectura, una batalla que parece perdida también contra el urbanismo. ¿Y esto qué es?, por Miguel Molina. Quiere ser una denuncia del estado de deterioro de algunos edificios del casco viejo de la ciudad, con el asalto de un edificio del casco viejo en deterioro (sito en la misma Plaza de María Pita) recurriendo a maromas, norays y anclas, que fijen al edificio en ruina (a la deriva) a la espera de su rehabilitación, y, en contraste, la escultura pública del reló de pulsera como lugar que se encuentra en perfecto estado, y donde lo nuevo reluce y brilla de manera distante, diferencia acentuada por la acumulación de señales repetitivas en torno al reló de pulsera. Una recreación sonora desde un coche-pregonero, emitie un conjuro (como el de la queimada) que nos libere de los nuevos males ciudadanos que nos tienen enajenados. Al tiempo que dos letreros luminosos en la calle Papagayo, con las leyendas «bar tragadeseos» y «virtual bank: confesionario de 24 horas», nos recuerdan su aroma a ramera. Una pieza en vídeo, del proceso de realización de las distintas intervenciones se puede ver en las salas de la Fundación.


Óscar Mora (OM) (Chiva —Valencia—, 1965), aparece para mostrarnos el Arte Público en su vertiente lúdica, tradicional y cierta. Continuador de la obra de Miralda, ve en la tradición el verdadero ser de las cosas, perdido por su misma cotidianidad, la vecindad con que vemos nuestras fiestas tradicionales, monumentos, u otros emblemas y rasgos específicos, nos hace minusvalorarlos y perderlos hasta expulsarlos de nuestro mundo; devolvernos las cosas de siempre con la misma mirada que tendría el turista que se acerca a nuestro entorno por primera vez es su meta, y mérito. Así como un extraordinario cicerone que nos devuelve el entorno perdido, opera el Arte Público en su versión 'lúdico-metafísica'. Voltou o Xerión, por Óscar Mora. Intenta resucitar la figura de Gerión, muerto y enterrado bajo la torre de Hércules, como lo atestigua nuestro escudo, con la empresa «Xerión escavacións, s. l.» que planteará una lucha sin cuartel con toda la caterva de empresas llamadas Hércules; de esa lucha resucitarán Gerión y sus bueyes en el punto de la ciudad más próximo a la torre de Hércules y más acorde con la resucitación (el viejo cementerio moro) y desde donde se quiere dejar salir al espíritu del rey muerto, a la vez que inunda la ciudad con reclamos populares como camisetas impresas, viseras, pegatinas o publicidad estática, insistiendo en la vuelta del rey. En el cementerio una secuencia de diapositivas, junto con una montaña de huesos de buey limpios, nos conducen al lugar desde el que Gerión renace. Un elemento más acentúa la noticia de la resurrección de Gerión, la leyenda floral que, en la entrada de la ciudad, nos dice que 'Voltou o Xerión'. En las salas de la Fundación se podrá observar el proceso inverso del desuelle de un buey, como si éste se vistiera y volviese a la vida.


El gallego Carlos Tejo (CT) (Vigo —Pontevedra—, 1966), sintoniza en sus últimas series, con las inquietudes de la socio-escultura, al menos desde que plantea su trabajo como análisis de los comportamientos ciudadanos, a través de rastros que éstos van dejando, especialmente en sus estudios de la gestualidad como representación de la reflexión, sobre todo cuando entiende, como nos ocurre a todos, que la mano es el lugar propio del pensamiento. Desde tales principios de desentrañamiento del ser de las gentes que se desenvuelven a diario sin más, hasta que el artista llega, los interpela e inmortaliza, desde ahí sitúo a su obra dentro del Arte Público que quiere enseñarnos cómo somos. Inventário, por Carlos Tejo. Plantea a los ciudadanos una serie de preguntas que les llevan a la reflexión sobre su propia existencia, desde el recurso a: tarjetas postales repartidas como propaganda callejera el día de la inauguración, carteles publicitarios pegados por las calles de la ciudad, una pintura mural (de gran tamaño ubicada en el paseo marítimo a la altura de la Pza. de Pontevedra), y la proyección fija (de una diapositiva) sobre la fachada lateral de la futura sede de la Fundación Luís Seoane. Sobre un fondo negro (plano) el mismo texto en blanco (plano). Para el cartel y la proyección: ¿Cando fun feliz por última vez? Para las tarjetas y las pinturas murales: ¿Cando comecei a perder? ¿Cando comecei a sentir medo? ¿Cando comecei a conformarme? ¿Cando comecei a crerme a salvo?¿Cando comecei a non cambiar nada?

20:00/15.07.1999

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