Cuentan las crónicas que también Pistolo estuvo en ARCO, o era mercadona, bueno que estuvo allí y que no compró nada porque los precios no eran tan buenos. Y ya se sabe: pocas ofertas, el gasto en gasolina hasta las afueras,...: no es para tanto, es un engañabobos. Y como, cuando notas que te quieren estafar, te mosqueas, acabas denunciando al impostor. Y en esas anda Pistolo estos días con su denuncia que comienza por EXPÓN EN UN GALERÍA. La denuncia planteada, trata de desenmascarar el juego comercial que empezó --hace tanto tiempo-- por aquello de que si yo soy artista y meto tal o cual trasto en una sala de exposiciones, porque lo meto yo artista, entonces es una obra de arte, porque así lo indica el lugar especial en el que lo ubico. La cosa fue a más, y lo que empezó por ser una decisión del artista que elige el trasto que se destaca como artístico, pasa a ser una decisión del galerista que resalta a este o aquel mortal como artista --vedette-- de todo el parque de productores de objetos sin calificación, calificación que otorga el galerista, Demiurgo que baja del cielo para ascender a ciertos mortales a los cielos: las vedettes, los artistas. De ahí que Pistolo, Demiurgo democrático, haya dicho: barra libre. El que venga a mi Galería, Nuevo Templo abierto a todos, yo lo bautizo, le doy el certificado que lo acredita como artista, vedette hasta la eternidad, sin tener que bajar a esos sótanos del arte que es el mercado --ARCO, la feria de todas las vanidades. Detrás de esta exposición, en la que nada importa lo expuesto, está la lucha por abrir nuevos espacios desde los que amplificar las decisiones radicales --que comulgan mal con los principios mercantiles-- en defensa de un arte público, un arte próximo a la gente en el que se discuta sobre la dignidad de las obras, su excelencia, y nunca sobre su precio: Precio ¿qué es precio? Desprecio de Pistolo, el de sus artistas certificados que juegan con la confusión de esos espacios, lugares sacros: tantas galerías.


1994

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