En el Purgatori II están con «Expón en una Galería». Una exposición donde los del Purga dejan claro, desde la primera vez que la celebraron (ni me acuerdo), lo que son. El concepto que soporta la exposición, que sostiene a la Sociedad de Artistas Purgatori, es el tú también puedes, o *nena tú vales mucho*: a cada quien que deje algo, incluso una obra de arte, en el espacio expositivo, se le eleva un certificado de artista, un documento que acredita, por parte de la Sociedad, que es un artista quien figura en la certificación. Un reclamo que consigue siempre gran éxito de participación, concurrencia que desvela sobre todo las ganas --necesidades-- de exponer sus obras los nuevos, y la carencia de lugares que atiendan esta parte del arte que empieza; porque, como reza el lema del Purga, frente a las salas cuyo trabajo radica en el reconocimiento de la obra de artistas, más o menos sólidos, en el Purga se dirige el esfuerzo hacia el conocimiento: justo aquello que permitirá el posterior reconocimiento; con todos los riesgos que conlleva, el principal esa falta de rigor que muchos les recuerdan. Pero riesgo que se asume, porque si no sólo quedan los bares y cafés de *artistas*, que no son los mejores lugares para el arte.
Como siempre, como ya es tradición en esta exposición --después de Interarte, la segunda feria de arte de Valencia-- organizada por artistas, la regla es el estricto tú-mismo: llegas, montas la obra, le pones título y autor, y, al terminar, la retiras. Y todo por el mero interés de mostrar los nuevos tiempos, y así nos enteramos de por dónde van los tiros entre los que empezarán a jugar a los concursos, las entregas de dossieres, el pateo por las galerías, las visitas a las casas de cultura, y todas esas cosas que se tienen que hacer para empezar a funcionar en el mundo del arte, en el inframundo de la vanidad, justo después de ser reconocidos como artistas en esta revalida corporativa. Por eso esta exposición temática, cuyo lema es la misma esencia del Purga, resulta la mejor oportunidad para ojear los nuevos tiempos y sus tics. El que más me sorprende, frente a otras convocatorias, es la pulcritud con que los nuevos se acercan a las primera exposición de sus trabajos. Todos llegan con ellos enmarcados, viñeta de título y autor, algunos con la obra protegida por un cristal, muy pulcro, muy serio, muy profesional: muy conservativo, muy de los nuevos tiempos. En pasadas convocatorias, la gente llegaba con lo puesto y de cualquier manera, y más para exponer en el Purga, un lugar donde lo substancial es la desacralización de los ritos artísticos y el trasiego callejero. Pero ahora no. O nos puede la desinformación, o nos gobiernan los conservadores: Incluso ahora que ya no existen diferencias entre la derecha y la izquierda --era así, ¿no?.


1997

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