El arte de acción, o accionismo, es un movimiento artístico viejo, se datan sus primeras experiencias en el pasado fin de siglo, cuando se experimenta con la mezcla de las artes o los programas de búsqueda del arte total --lo que conduce a algunos teóricos a ver su inmediato precedente en la ópera--; pero que cobra verdadera fuerza en centroeuropa a partir de la delirantes experiencias del accionismo vienés de los 60 y 70, que los lleva a la más radical --y probablemente equivocada-- reflexión sobre los límites, y las relaciones, del cuerpo humano.
Como movimiento que se incardina dentro del conjunto de las artes plásticas, el accionismo toma como lugar, y sistema de representación, el propio cuerpo del artista o de otros. Como lugar porque sobre ése cuerpo se desarrollan las más variadas posibilidades representativas; desde pintarse el cuerpo hasta emitir sonidos, pasando por las capacidades de movimiento que desembocan en la danza, el accionismo puede verse como un simple cambio de soporte de la obra de arte; si pintamos sobre lienzo o grabamos música sobre vinilo, por qué no hacerlo sobre el propio cuerpo o con el propio cuerpo. Como análisis del sistema de representación que posibilita el cuerpo humano, el movimiento accionista cobra mayor complejidad al interpelar a los cuerpos como átomos de un compuesto que está sujeto a cambios relacionales, si cambio mi posición, cambio la de los otros, podríamos decirlo de modo rápido: cambio la catatonia kármica generada por los emanadores de adrenalina, haciendo del odio una fluidez de paz, amor y bienestar; rompiendo todo esto al pedir para regresar a la catatonia.
Así, el accionismo, puede ser dividido en performance --interpretación-- que tendería sobre todo a emplear al cuerpo humano, especialmente del artista, como lugar sobre el que se realiza la representación; y el happening --jolgorio-- que utilizaría las posibilidades del cuerpo como sistema de representación y modificación del resto de cuerpos y personas.
Dentro de este contexto el PERFORMATORI se trata del único encuentro de performeros --o accionistas-- que se realiza en España, un encuentro que ya va por su 4ª edición y que se realiza, desde el principio, con entera financiación privada promovido por la Sociedad de Artistas Purgatori que también es fundadora de la RedArte (red que asocia a todos los espacios alternativos del estado español desde el 95).
Se pidió la colaboración de la RENFE, para la realización de una acción --El Gran Circo del Arte-- que se sitúa dentro del más estricto jolgorio al contar tanto con el grupo de artistas como con la esperanza de participación del público habitual de las estaciones de trenes. En síntesis, representó la llegada a la ciudad de un Gran Circo --con el componente de charanga, pucherolo y trompeta-- que espera animar a sus habitantes; se empleó el tren porque es el referente más claro del viaje, y la estación porque es el lugar por excelencia para el cambio de hábitos, de costumbres. Por eso el circo llegó a la ciudad y en tren, a una estación donde los componentes del circo son presentados por el maestro de ceremonias para acrecentar la emoción de lo raro y novedoso, una ilusión que se disuelve de la forma más dramática al pasar el platillo --como cuando llega el momento de pasar el cepillo en la iglesia-- porque todo ha terminado y volvemos a la cruda realidad.
Las actividades de este PERFORMATORI, se realizaron durante toda una semana, teniendo como sedes el S. Pius V, donde se proyectó un documental que sitúa la actualidad del arte de acción, y la Sala Xerea, que recoge las series completas de performances.


1997

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