El proyecto «Memoria Industrial» se presentó al público el pasado seis de diciembre como despertador público de esas conciencias ausentes de lo que fuera Valencia en tiempos, aquéllos de los que sólo queda huella en contadas partes de la ciudad, a las que la vorágine inmobiliaria quiere extirpar para fundar nuevos paisajes urbanos que en nada delaten el recuerdo de lo que fue. Tal proyecto, que se inspira en los principios más férreos del despreciado Arte Corporativo, un movimiento que pone en duda el mito decimonónico del artista como sujeto culmen, como genio o sensibilidad irrepetible --del que serían paradigma, en este país, las figuras de Picasso o Dalí, como genios o artistazos--; así, en honor a esos principios, un grupo de personas, intituladas «La Cor.Poració», se organizan con el exclusivo interés de llamar la atención pública sobre un espacio que la dejadez de los gobernantes municipales ha conducido al máximo deterioro: los terrenos de la antigua fábrica Cros. Para realizar tal llamada de atención, desde esta corporación circunstancial de intereses, se recurre a los principios de otro de los movimientos artísticos también más despreciados, el Arte Público. Es, por ejemplo, una manifestación del arte público la estatua que se coloca en una plaza de la ciudad, pero también, y más propiamente, es arte público llevar las manifestaciones artísticas a las calles, las plazas, los caminos de los campos, los montes comunales, en fin sacar las construcciones artísticas a respirar en todos los lugares por los que las gentes pasean, llevar el arte a los ciudadanos fuera de las urnas protectoras e inaccesibles que son tanto los museos como las salas institucionales o las galerías privadas: lugares acotados a los que hay que dirigirse adrede, y para los que no sólo se exige una intención de acercamiento físico en el espectador, sino que también debe existir una aproximación intelectual esforzada para poder acariciar arte tan ensimismado. Frente a esa manera cerebral de ver al arte, los militantes en el Arte Público se bajan de la burra, se acercan y sin el uniforme de artistas intentan satisfacer al ciudadano en su necesidad de alimento artístico: prueban una inmersión dionisíaca, frente a la fría distancia apolínea que marcan los espacios glorificados como expendedurías artísticas. Pues bien, bajo los principios regulativos tanto del Arte Corporativo como del Arte Público, esta circunstancial «La Cor.poració» quiere utilizar al arte como vehículo de denuncia a la vez que como medio de reunión de distintos colectivos implicados en la conservación de un lugar dejado de la mano municipal. Aquí conviene traer, de nuevo a debate, la autonomía de un arte comprometido, no ya con la sensibilidad de su tiempo, sino con la, más impopular, exigencia política de alumbrar conciencias, voluntades enajenadas de los dramas que se suceden a diario y para los que la política --entendida como institución ritualizada-- no consigue soluciones. A propósito de esto, y contra mi opinión, mi muy admirado paisano Wenceslao Fernández-Flórez decía «En Sociología y en Política la verdad es mutable y puede ser oído con desdén mañana lo que ayer apasionó. El arte que liga su existencia a estas evoluciones, nace mortal. Reconozco que es caso imposible que frente a las imperiosas solicitaciones del momento, un escritor pueda desentenderse de intervenir en las luchas de la época, y yo mismo me reconozco presa de tal preocupación; pero es innegable que el Arte más pierde que gana con ello.» Por descontado, lo que aquí se dice para la literatura vale para el Arte en general. La debilidad, que siempre he encontrado en este tipo de argumentos, nace de considerar los motivos líricos --amor, muerte, etc.-- como consustanciales al arte, frente a la búsqueda de la justicia, que sería ajena a la producción artística, como si en tal búsqueda de lo justo no se encontrara la esencia de lo épico, sentimiento mucho más excelso, por cuanto tiende a restaurar una pérdida dolorosa vivida por la comunidad entera, y no sólo por uno de sus privilegiados miembros, como así sucede en la lírica. Pues bien, esta llamada a la conciencia ciudadana sobre el deterioro de un patrimonio que habla de sus esfuerzos, su trabajo, se consiguió con un éxito inicial sorprendente, pues en el referido día seis de diciembre se concentraron muchas más personas de las esperadas en los terrenos de la antigua fábrica de la Cros. Allí se pudo ver desde artistas venidos de fuera de la ciudad hasta abuelas del barrio paseando con sus nietos --sublime--, asicomo antiguos trabajadores despedidos sin reconocimiento de sus derechos, o actuales pobladores que viven del desvalijamiento de los restos sin protección de la fábrica, también muchos curiosos, y sobre todo mucho arte en bruto, sin filtrar, y desde sus más variopintas manifestaciones: happenings, performances, esculturas, instalaciones, pinturas, copy-art, environmental-art, música, música coral, arte lúdico, muralismo, accionismo, fotografía, video-art y más. Y todo como vehículo para el reencuentro social con un lugar perdido. Afortunadamente, este éxito inicial, continúa en estos días de marzo, cuando esta iniciativa de salvaguardia de la Memoria Industrial de Valencia, se dirigirá al Pleno Municipal en la tarde del veinticuatro de marzo. Esa tarde, y gracias a la colaboración del Grupo Municipal de Esquerra Unida, se podrá obtener un compromiso de todos los grupos políticos representados en favor de la protección, restauración y reutilización de las naves deterioradas, asicomo un valioso precedente para la regeneración de otros espacios industriales deteriorados; lugares que se intenta sean aprovechados con fines culturales, la principal carencia en un país que siempre ha vivido de espaldas a la cultura. «La Cor.poració» todavía no ha concluido sus actividades, porque tendremos nuevas noticias cuando, ya entrada la primavera, en un espacio elegido para la ocasión, se recoja, en magna exposición, todo lo producido durante la reivindicación de los terrenos de la fábrica de la Cros como espacio público. Y tampoco entonces, esperamos, se detendrán sus actividades en favor de un Arte Corporativo y Público.


1995

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