MOVIMIENTO-INERCIA: MOVIMIENTO: trescientos y pico artistas de y pico paises de toda Europa --Japón, también-- a los que atienden muchos media: INERCIA: centón de espacios institucionales habilitados para una exhibición correcta de tanta obra que vive en el nicho del estándar expositivo.
Movimiento-Inercia, como todo el mundo sabe en esta ciudad, es un acontecimiento artístico que se viene gestando desde hace más de un año entre las ciudades de Lieja (Bélgica) --por iniciativa del colectivo Les Brasseurs--, Amsterdam (Holanda) --el ICA Proton-- y Valencia --desde la UPV--; la gestación culmina, al menos en nuestra ciudad, con una intervención desde todas las esferas del arte entre los días 23 de Septiembre y 6 de Octubre: un magno acontecimiento que difícilmente se repetirá, dudo que volvamos a tener la oportunidad de ver tantas cosas tan juntas y en tantos lugares de la ciudad pues no se ha desperdiciado espacio por ocupar. Y todo a cuento de algo tan aparentemente banal como el lema Movimiento-Inercia, un lema al que todos han conseguido sacarle partido por su polisemia.
Desde el momento de la presentación, y como es característico de esta ciudad en la que el Arte Corporativo tiene una tradición en la modernidad que todos reconocen (baste mentar los archiconocidos Equipos Crónica, Realidad y talleres de artistas falleros), asicomo una larga experiencia en Arte Público (como lo muestra el anual Día de la Foto o las Fallas), al margen de otros acontecimientos menos institucionalizados; pues bien, en tal contexto, no es extraña la respuesta inmediata que se recibió por parte de artistas e instituciones: respuesta que ha redundado en un llenazo indiscutible. Porque también es significativo que una iniciativa que nace en Lieja termine culminándose en Valencia, da la impresión que sólo aquí se consiguen culminar acontecimientos de este calado: una cuestión que cabe entender como un halago a todos los miembros de la comunidad artística de esta ciudad. Una ciudad que ha sabido recibir a los artistas venidos de toda España y Europa; y también desde Canarias, con la participación de Francis Naranjo, un artista canario que, cada vez más, sintoniza con los acontecimientos que se fraguan en el continente, un mérito mayor desde ese lastre de la insularidad que perjudica el conocimiento y el reconocimiento.
Todo esto podríamos leerlo bajo el apartado Movimiento, del lema que rige esta convocatoria, pero también cabe observar ciertas inercias en los artistas participantes en este asunto, y me refiero a la querencia que éstos manifiestan por el espacio cerrado, el lugar protegido y poco público --aunque de acceso libre-- que eligen para la ubicación de sus obras; para mi sorpresa, ante una convocatoria que parecía entender el arte como algo invasivo de la cotidianidad, los artistas vuelven a caer mayoritariamente en la Inercia de quererlo apartado y lejos del tránsito normal del ciudadano. Aquí es donde veo el mayor inconveniente a lo que durante estas dos semanas ha sucedido en la ciudad, el poco bajarse al foro de lo cotidiano, la enemistad del arte contemporáneo con el ciudadano no convencido de sus bondades; si vemos la programación, encontramos excepcional el uso de espacios abiertos como la playa de la Malvarrosa, la estación de la RENFE, algunas plazas y escaparates de tiendas, frente a la inflación de exposiciones en galerías --incluso al punto de robarse el espacio unas piezas a otras, porque tampoco poseemos tantos espacios expositivos canónicos--, museos, etcétera. Sin embargo, esta inercia expositiva, no se ha visto acompañada por obras circunstanciales, hay que destacar que las obras presentadas --salvo excepciones que no conviene referir-- no respondían al recurso de última hora sino que casi siempre eran meditadas y rigurosas en la ejecución, otorgando a esta convocatoria un nivel no desdeñable que ha compensado el cansancio de ir de un lugar a otro, día tras día, persiguiendo las infinitas inauguraciones celebradas. En fin, un acontecimiento en el que el Movimiento de obras y personas se ha regido por esa Inercia expositiva que prima el canon del espacio galerístico alejado de lo cotidiano frente al espacio público urbano, para terminar en la exposición ortodoxa de unas obras que han conseguido superar lo circunstancial y no desmerecer el esfuerzo.


1996

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