Desde el pasado 20-N los del Purga andan con el Performatori: un encuentro de performeros que ya va por la cuarta edición. Qué sea eso de la performance --algunos prefieren referirse al asunto bajo el término acción-- es algo que muchos no acabamos de tener claro, no tanto por no saber ubicarla, que también, sino por su extraña realidad como objeto artístico. A nadie sorprende si digo que el mundo del accionismo se reduce a los cuatro que la ejecutan, sus amigos y unos pocos a quienes la curiosidad morbosa de verlos repetirse y equivocarse les puede sobre cualquier otro estímulo; pero aunque esto es así, y pocos de los performeros actuales consiguen superar el modelo esotérico de relación con los de la orden performativa, hay que reconocer al Performatori su serio esfuerzo por actualizar un género híbrido de exclusivo interés interno a las gentes del arte, y rara vez al público no instruido en las formas contemporáneas de la producción artística.
Es importante destacar, a este respecto, cómo algo cuyo motor de su actividad es el rechazo a la desintonía entre arte contemporáneo y público, no consigue ir más lejos de sus propias narices. Como digo, el Performatori supone un esfuerzo por dignificar el estado de una performance española que, se dice, está cobrando gran fuerza en los últimos años; por eso se monta este encuentro, para confirmar este bullicio performero tanto como para incorporarlo, de una vez, al circuito comercial del arte como el resto de disciplinas, como una más: y así, por primera vez, el público valenciano pagará por asistir a esas representaciones criollas que suponen las acciones. Algo, para mí, importante porque sitúa a la performance en su lugar, más cerca de las artes escénicas que de las artes plásticas. No debe olvidarse que las experiencias más tempranas de esta disciplina se dieron en los teatros, como tampoco, que muchos autores teatrales incorporaron con gran acierto las técnicas del happening o la performance a sus obras para salvar al teatro de un hieratismo anacrónico. Siempre he sostenido que la escena es el lugar más propio de la acción, de la misma manera que creo, sin ninguna duda, que su futuro está en la incorporación al show bussines en el sentido estricto de la palabra, ése que obliga a pasar por taquilla; algo así como un circuito off-galerístico que permita el encuentro de los performeros con un público no incondicional ni adoctrinado. Si se consigue ese tránsito, un camino que están siguiendo los nuevos accionistas multimediáticos --entre ellos encontramos a Marcel.li Antúnez, Pistolo Eliza, Stelarc--, tal vez se concilie con el público ese género esotérico por el que los espectadores no dan un duro: A ver si pasan por taquilla.


1997

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