presento _per ordre del... bàns de la guerra civil: sollana 1937-1940_ publicación de los bandos municipales dictados entre los años 1937 y 1940 en sollana (valencia) antologados por pau córdoba borrás.





TODO TIEMPO PASADO FUE PEOR, si no que se lo pregunten al año 1937 cuando todo estaba sujeto a sanción, multa, denuncia a la autoridad competente o declaración de faccioso o desertor. Qué tiempos aquellos en que nadie se libraba de estos inconvenientes, tampoco los padres que con su mejor intención paseaban a los niños por donde no deben, a ellos, sanción; no sé si a los niños pero al menos a los padres sí; bueno, a los niños también, al menos a la consideración que de la ciudadanía tiene el poder mal ejercido, vamos, todo el Poder, de manera que me corrijo para escribir el poder bien ejercido, y que se trasluce, vaya casualidad, al inicio de la relación de bandos seleccionada por Pau Córdoba para esta edición cuando, con el estilo incisivo característico a Asensio Badia que nos acompañará un par de años, y bajo el poco consolador capítulo de «Reemplazos», el primer bando de veintitrés de junio deja las cosas bien claras al respecto de las represalias con que nos tratan los poderes si les damos pie al avisarnos de que «Por orden del Presidente del Consejo Municipal se hace saber que todos los individuos que estén comprendidos en la movilización de las quintas de los años 1931 a 1936, que no se hayan incorporado, que se presenten en la Caja de Reclutas de Alzira en el plazo de 35 horas. Los que dejen de incorporarse serán considerados, según el Decreto de 18 de junio de 1937 como desertores y seran castigados con la pena de 6 a 20 años de internamiento, y a los que pretendan eludir la anterior obligación incurrirán en las multas correspondientes». El Poder nos da un respiro para asimilarlo, aquel veintitrés de junio de 1937 fue de unas escasas treinta y cinco horas que podremos canjear por un tiempo que va de seis a veinte años, treinta y cinco horas para no perder un mínimo de seis años, sin tener en cuenta que lo mejor es aprovechar ese día y pico para poner distancia entre el presidente del consejo municipal (suena tan democrático que conmueve) y tu propia vida, la misma distancia que puso Arquíloco, el responsable de la lírica occidental al que su pueblo despreció con el olvido de su obra porque no quiso combatir como un hombre lo que nadie le convenció que debía mantener como griego. Estas cosas son eternas y las volveremos a ver muchas más veces porque nadie sabe cómo escapar a ellas, bueno sí, poniendo al olvido, eso que nos dicen que de su ejercicio lograremos la condena de repetirnos, como si el recuerdo nos librara de volver a los errores sobre los que nos elevamos; que me pongan un ejemplo en que el recuerdo nos haya librado de nada, pues olvido para que no se acuerden de mí y pueda escaparme, también al mito de la arcadia feliz que fue nuestra Segunda República; a quién quieren convencer de que fuimos los mejores y argénteos si nos ha costado muertos y muertos, los mismos muertos de una y otra parte, o debo decir de un bando y otro, de uno a otro munícipe, líder y caudillo de todos, porque veremos cambiar de bando los bandos y no cambiar nada; si no vayamos sobre el estilo de José Ribera el españolísimo, menos atinado que el de Asensio Badia, debo decirlo, cuando nos recuerda, en la fatídica fecha del veinticuatro de enero de 1940, a raíz de un bando de carácter militar que «Por orden del Sr. Alcalde [...] También se hace saber a todos los jóvenes de los reemplazos de 1939, 1940 y 1941 que durante los días 25, 26 y 27 de este mes de 11 a 1 de la tarde, se pasen por las oficinas de este Ayuntamiento con la finalidad de hacerles entrega de una hoja declaratoria que a los mismos les interesa, significándoles que los que no acudan por sí mismos o por sus representantes, sin causa justificada serán sancionados de acuerdo con la ley», el que no vaya «será sancionado de acuerdo con la ley», nada al lado de la represalia de seis a veinte años, pensará alguno, pero no es así; al anunciar una amenaza bajo la ambigua fórmula de «sancionado de acuerdo con la ley», con su peso añadiría yo, uno espera lo peor porque sólo te dicen que la ley sanciona y no sabes hasta dónde puede llegar, pero seguro que te lleva por delante, lo que temes, de manera que tienes hasta el día siguiente para echar a correr y dejarlos con lo puesto. En este caso, con el estilo españolísimo gracias al que José Ribera pasaría a la historia de la Literatura, se invoca la autoridad del señor alcalde, con mayúsculas en el original, porque nos encontramos ante la ley que reside al lado de casa, en el Ayuntamiento, donde más duele. Nunca comprendí, porque a mí también me trataron como a ganado que marcar cuando me llamaron a filas, por qué lo hacía mi Ayuntamiento, casi la única institución que uno está dispuesto a aceptar y participar en su gobierno, pues no para otra cosa que dejarte claro el alcance del Poder: llega hasta tu casa. Volveremos a encontrar esta escritura plana y sin matices cuando cinco días más tarde José Ribera nos avise, a propósito de un asunto agrícola, de que «También se hace saber a todos los excombatientes de la localidad la obligación de pasar por las oficinas del Ayuntamiento mañana de 11 a 1 para informarlos de un asunto que les interesa»; el españolísimo no puede evitar ese «también» que hará a su estilo inconfundible, me gustaría saber, imagino que como al lector, qué tiene que ver ser un excombatiente con la agricultura, a no ser que, como ocurre siempre, se paguen los favores de sangre con prebendas, y si no que se lo pregunten a loteros, estanqueros y alguno más que ahora olvido. Pero yo no quería meterme por estos vericuetos de la sangre y los favores pagados por la sangre del enemigo lavada al volver a casa bajo la atenta mirada del presidente del consejo municipal o el señor alcalde, tanto monta, sino llamar la atención sobre el bando como la forma en que el Poder más se exhibe ante la ciudadanía al adentrarse en las cosas menores de a diario, como cuando, y ahora volvamos sobre el estilo incisivo de nuestro primer autor, el preclaro Asensio Badia el doce de enero de 1938 nos transmitió la orden de escolarización que rezaba «Por Orden del Presidente del Consejo Municipal se recuerda a todos los cabezas de familia la obligación que tienen de enviar a sus hijos de 3 a 14 años a la Escuela. Al padre del hijo que se encuentre por la calle en horas de clase que se aplicará la sanción correspondiente» y volvemos sobre la sanción como modo natural de dirigirte al otro y la encontramos otra vez cuando Celedonio Martínez, precusor del españolísimo y a quien éste quiso seguir pero no pudo por su evidente incapacidad literaria, el quince de abril de 1939 y para un mejor orden público, anuncia «Por orden del Sr. Alcalde se hace saber a todos los vecinos que tengan hijos menores de 14 años que no los dejen salir del radio de la población, siendo responsables los padres del daño que provoquen los hijos a cosechas y otros efectos», y así los niños y sus padres quedan confinados bajo el orden que el Poder fija para que nada se salga de sus casillas como ya protesté al comienzo de esta líneas. El mismo Celedonio Martínez cobró gran importancia como ejemplo de Miguel Mihura (quien junto a Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem escribió el guión de «Bienvenido Míster Marshall», 1952) al transmitir este bando sobre Franco de veintiuno de abril de 1939 «Por Orden del Sr. Alcalde se hace saber que con motivo del paso del Caudillo por esta población el día de mañana, se procederá hoy mismo por todos los habitantes de los edificios y en su defecto por los propietarios a hacer desaparecer todos los rótulos y signos que existan de significación rojo-marxista. Igualmente se procederá hoy también a limpiar y regar las calles, e igualmente se hará también mañana a las 7 de la mañana. Advirtiendo que el incumplimiento de estas órdenes será severamente castigado por mi autoridad sin perjuicio de dar cuentas a la Superioridad». Consciente de que la orden resultaba insuficiente si la dejaba tal y como había salido de la mano del señor alcalde, el autor decide completarla el mismo día para lograr una escena de la que beberá el mejor Mihura, como cualquiera puede reconocer tras su lectura, y por eso añade «Por orden del Sr. Alcalde se hace saber que con motivo del paso del Caudillo por esta población, mañana se engalanarán los balcones y las fachadas, rogando al vecindario que acuda a su paso por la carretera que se avisará con tres toques de sirena», aviso de tres toques de sirena y multitud en vilo, sólo falta ver pasar al Caudillo a toda velocidad ante las narices de la multitud para que nos suene a cine en blanco y negro. Sin embargo, y por más que Celedonio Martínez pase a la historia por su influencia sobre Mihura, nada mejor que el estilo calculado y estricto de un Asensio Badia que el treinta de abril de 1938 escribió una de sus mejores páginas a propósito del control del tiempo con un escueto “Por orden del Presidente del Consejo Municipal se hace saber que esta noche a las 11 se adelantará el reloj una hora”. Así es como el Poder mejor se manifiesta, aun hoy: robándonos el tiempo.

18.02.2006

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